LA CARTA DE LOS MARTES – 30 DE JULIO DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 30 DE JULIO DE 2019

Noto un cierto revuelo en relación con las temperaturas estivales. Como de costumbre (es verano en el hemisferio norte) son altas. Ya. Pero los voceros del cambio climático nos bombardean como si fueran las más altas de la historia.

Carta de los martes del 30 de julio de 2019

Queridos amigos:

El 30 de julio de 1017, tras una reunión del plenario de la Curia regia celebrada en la ciudad de León, el rey Alfonso V (del Reino de León) promulgó el documento conocido como Fuero de León. Fue la primera recopilación de fueros en la Península Ibérica, dejando la Carta Puebla deBrañosera[1] aparte. Además (y sobre todo), se trató de la primera declaración de derechos de la historia de Europa, que es como decir del mundo, porque América seguía otros patrones y Asia, ni les cuento.

Se iniciaba el segundo milenio después de Cristo. Las circunstancias geoestratégicas eran mejores que quince años antes: Almanzor había muerto y los ataques musulmanes habían cesado; el Reino, aunque se hallaba envuelto en enfrentamientos entre nobles, había visto decaer éstos. Los ataques vikingos por el noroeste (Galicia), por el contrario, no habían terminado, aunque eran muy esporádicos. El entorno no parecía ser el más propicio. Y sin embargo … .

El Fuero de León es un conjunto de 48 preceptos de los que los 20 primeros son normas de carácter general para aplicar en todo el reino de León (León, Galicia, Asturias y Castilla). El resto son disposiciones de ámbito local. Supuso un giro copernicano (claro que, para entonces, Nicolás Copérnico no había nacido) en la historia del Reino de León y luego, de España. Fue el primer impulso para modificar muchas costumbres medievales. En la práctica es una a modo de Constitución primigenia en la que se protegían derechos que en la época eran rarezas. Un documento pionero. Por primera vez en la Historia, de manera ordenada y sistemática y con fuerza de obligar, se trataban asuntos como el derecho a la propiedad privada, el derecho a la seguridad personal, el derecho a la herencia de hombres y de mujeres (esto era francamente rompedor, pues el rol de la mujer a la sazón se circunscribía a ser esposa y madre dentro de un plano de subordinación palmario), la oferta de garantías judiciales (y su autonomía) frente al poder político y el derecho a la inviolabilidad del domicilio.  Además, en el Fuero de León se regulaba la relación entre el Rey y el pueblo, estableciendo una cierta protección para personas y bienes.

En cuanto a la Iglesia Católica, el Fuero regulaba la posesión de bienes por su parte. También protegía al clero secular y al regular, confirmando la autoridad directa del obispo: se intentaba con esto establecer las bases de la separación de la Iglesia y el Estado.

Hasta aquí la historia, convertida en efemérides por mor del día en el que estamos. Y ahora, la perspectiva. En general, los españoles tendemos a ignorar o desconsiderar hechos en los que somos pioneros; hechos primigenios, extraordinarios o relevantes y que nos son propios. A veces – muchas veces – solemos tragar con relatos sesgados (cuando no directamente falsos y que arrojan negra luz sobre nuestra gloria) que realizan nuestros enemigos seculares, generalmente anglosajones. No es ya que vendamos mal nuestros logros, es que hasta compramos basura extranjera sin rechistar.

Es el caso que nos ocupa. He tenido que leer hasta la náusea que el primer conjunto de derechos del pueblo frente a la monarquía absoluta fue la Carta Magna de Juan I (Juan sin Tierra) Plantagenet, que tuvo lugar en 1215, en las frías Islas Británicas. No fue así. El acontecer británico tuvo lugar en el Siglo XIII, ciento noventa y ocho (198) años más tarde de que el Rey Alfonso V materializara la primera iniciativa en la que los derechos de los súbditos tuvieron un reconocimiento claro. Pues eso.

***

Durante la primera mitad del Siglo XX, físicos como Max Planck (Max Karl Ernst Ludwig Planck, el primero, con su obra “Zur Theorie der Gesetzes der Energieverteilung im Normal-Spektrum”, “Sobre la teoría de la ley de distribución de energía en el espectro continuo”, 1900), Albert Einstein,Niels Bohr y otros desarrollaron los fundamentos de la revolución cuántica, que supuso una ruptura radical con la física clásica. Planck descubrió que la radiación no es emitida ni absorbida de manera continua, sino en pequeñas cantidades y en pulsos a los que denominócuantos.

Durante décadas, esos logros científicos no se vieron seguidos por desarrollos tecnológicos, pero esa situación se ha revertido hace tiempo, primero en la Química y ahora en la tecnología electrónica. Las nuevas capacidades de cálculo de los ordenadores cuánticos, que ya están en puertas, servirán para aumentar la capacidad tecnológica en múltiples aplicaciones: la propia computación cuántica, los sensores de alta precisión, las tecnologías láser y un buen número de líneas de trabajo. Sus aplicaciones son infinitas, desde la medicina a la seguridad de las comunicaciones y la información, los mercados financieros, etc.

La parte buena es esta. La menos buena es que las posibilidades computacionales de los ordenadores cuánticos los hacen capaces de descifrar en tiempos muy cortos los sistemas de encriptado utilizados en las transacciones online. Ello puede llevar a la desprotección de comunicaciones relativas a secretos militares, transacciones bancarias y comerciales, aspectos contractuales y procesos industriales y de investigación.

El establecimiento de las líneas de defensa no se ha hecho esperar. Los EEUU han lanzado su National Quantum Initiative. La Unión Europea ha presentado la iniciativa Quantum Technologies Flagship para coordinar las políticas científicas e industriales asociadas de los 27 países restantes, por el momento.

Por cierto, déjenme terminar este segmento con dos detalles poéticos.

En 1918, Max Planck recibió el Premio Nobel de Física. Tardaron en dárselo, pero llegó.

Sobre la lápida de su tumba en Gotinga se halla grabado el valor de la constante h del “cuanto de acción elemental”, la constante de Planck: h=6,62 x 10–27 erg x s. Gran hombre.

Noto un cierto revuelo en relación con las temperaturas estivales. Como de costumbre (es verano en el hemisferio norte) son altas. Ya. Pero los voceros del cambio climático nos bombardean como si fueran las más altas de la historia. Muchos medios (si no todos) insisten en ello, aquí y allende los mares. El último llamativo en un medio español lo he visto en el ABC.

Es un compendio de falsedades, de inexactitudes y de mentiras flagrantes como pocas veces me ha sido dado leer, adobado con elcherrypicking habitual. Eso sí, con alcance milenario, para que la cosa quede grandiosa.

Se trata de la fanfarria habitual asociada a la necesidad de preparar el terreno para otro latrocinio universal, éste de primera magnitud: pagar por la energía lo que ésta no vale. Y no olvidemos el negocio del acongojamiento, del que tanto he comentado. El individuo que escribe el artículo mencionado vive de esto. Como no le pagarían por decir que, en realidad, no pasa nada nuevo, pues escribimos lo que podemos rentabilizar. Como reza el conocido aforismo español, ¡vayan días y vengan ollas!

Traigo un ejemplo cualquiera, uno más sin mayor significación específica.

El 9 de julio de 1933, en Uppsala (Suecia), se registró la temperatura más alta en la historia de ese país: 38 °C. Esa temperatura se repitió tan sólo una vez más el 29 de junio de 1947. Y hasta ahora. El 18 de julio de 2018 se registró la temperatura más alta desde 1947: 34,4 grados centígrados.

Y aquí ven un intento de explicar las cosas sin la histeria predominante.

Así que no. Que no estamos asándonos, aunque sea evidente que las ciudades sean microclimas cálidos proclives a la subida de sus temperaturas interiores, pero por razones de emisiones a la atmósfera (refrigeración interior igual a recalentamiento exterior), de albedo negativo (el asfalto, oiga, que sigue siendo negro y absorbe calor para soltarlo luego, cuando las temperaturas bajan), de emisión de calor por parte de los vehículos automóviles (hasta que no se tomen en serio al hidrógeno, seguiremos en este plan agónico en cuanto a la motorización), de pérdida de entornos naturales por razón del crecimiento asociado a la población humana creciente. La razón tras el calor ambiental no reside en los gases no contaminantes como el C02, cuya ponderación en la cesta de eventuales responsables es despreciable. Está en diversas fuentes, de las que la más importante es el sol.

Seguiremos hablando de esto.

Pero no lo haremos durante el mes de agosto, tradicionalmente dedicado al descanso (ya sabe el lector, “el músculo duerme y la ambición descansa”[2] … también durante el día) y al cambio de actividad.

El 3 de septiembre, martes, la Carta de los martes volverá a estar puntualmente con ustedes. Si Dios quiere, por supuesto.

***

La frase de hoy es de Rodney Stark, sociólogo estadounidense, profesor universitario, escritor e historiador de la religión nacido en 1934 en Dakota del Norte.  

Stark ha publicado 30 libros sobre temas como la delincuencia, el suicidio o los prejuicios, pero la mayor parte ha sido sobre la religión. Muchos de ellos han sido traducidos a los idiomas más relevantes (español, chino, francés, alemán, holandés, japonés…). En materia de religión es el pensador vivo de referencia.

Y ya vamos con la frase, que nos es muy cercana: “La imagen cristiana de Dios es la de un ser racional que cree en el progreso humano”. La frase es sencilla pero tiene un gigantesco calado.

Un abrazo

José-Ramón Ferrandis Muñoz


[1] Brañosera es un municipio de Palencia, próximo a Cantabria. Su fuero data de 824. La Carta Puebla libera a los colonos de ciertas obligaciones para con los aristócratas (en este caso, el conde Munio Núñez) y les confiere privilegios de hombres libres por su propia condición de pobladores. El contexto era la repoblación tras la recuperación de tierras durante la Reconquista.-
[2] Es una licencia referida al tango titulado Silencio, de Carlos Gardel, que empieza así: “Silencio en la noche/ ya todo está en calma/ el músculo duerme/la ambición descansa”.

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