LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE FEBRERO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE FEBRERO DE 2021

Carta de los martes del 16 de febrero de 2021

Queridos amigos:

Corría la II República. El 16 de febrero de 1936 se celebraron en España elecciones generales. De ellas salió, ya veremos cómo, una victoria para el posteriormente llamado Frente Popular. Los anteriores comicios habían sido ganados por la CEDA, una coalición de derechas. Los resultados oficiales de las elecciones del 16 de febrero de 1936 pasaron a la historia como las de la gran victoria del llamado Frente Popular y situaron a Manuel Azaña al frente del Gobierno. Y sin embargo, fueron fruto de un pucherazo. Está demostrado sin lugar a dudas.

¿Cómo se llegó a estas elecciones de febrero? Recuérdese que la República se instauró en abril de 1931. En su primer bienio largo, el poder estuvo en manos del gobierno republicano-socialista. La constitución que pergeñó convertía en ciudadanos de segunda a los españoles de derechas. Se produjeron persecuciones a este segmento de la población, destrucción de bienes de la Iglesia, asonadas anarquistas, la Sanjurjada y otros actos que alteraban el orden público e introducían el caos. Políticamente, era un sistema esencialmente democrático, pues permitía la alternancia en el poder. Económicamente fue un desastre sin paliativos: reducción o incluso cese generalizado de la actividad económica, paro, normas excesivas e incumplibles, hambre muy extendida. Socialmente fue una agonía sin sentido, auspiciada por un Manuel Azaña ahíto de voluntad reformadora.

Todo ello provocó un giro notable en la sociedad. Las derechas, unidas en torno a la CEDA, obtuvieron una amplia mayoría en las elecciones generales de finales de 1933. Durante algo más de dos años, la economía mejoró sensiblemente y las libertades políticas se ampliaron. En octubre de 1934, los socialistas, incapaces de aceptar el resultado de las elecciones de 1933, desencadenaron la guerra contra la República en varias zonas de España, con especial repercusión y estragos en Asturias. La República sofocó ese golpe, como anuló la secesión de Esquerra Republicana de Cataluña.

Las izquierdas fracasaron, pero prepararon una nueva intentona. Lo hicieron a través de una coalición electoral (“coalición de izquierdas”), que recibiría más tarde el nombre comunista de Frente Popular.

La destrucción del Partido Radical y la expulsión de la CEDA del Gobierno (operación responsabilidad de Niceto Alcalá-Zamora) condujeron a las elecciones del 16 de febrero de 1936. La campaña electoral fue terrible, violentísima. Las izquierdas exaltaron el golpe de 1934, convirtiendo en el eje argumental las inventadas atrocidades derechistas en Asturias, invirtiendo la realidad y falseando los hechos: estaban decididos a imponer su voluntad por encima de todo. De hecho, ni siquiera consideraban la mera posibilidad de ser derrotados. Testimonio de esa determinación fue el recuento de víctimas: 41 muertos y 80 heridos graves. Ello generó un ambiente radicalizado, polarizado y excluyente.

Las elecciones se desarrollaron también en un clima de gran violencia. Sus resultados no fueron conocidos hasta muy recientemente, tras más de 80 años de su celebración. Las estimaciones realizadas en análisis posteriores a los comicios llegaron a diferir en más de un millón de votos.

Por fin hay datos globales, consultas a fuentes, referencias a archivos. El libro de los historiadores y expertos en el periodo Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, titulado 1936. Fraude y Violencia en las elecciones del Frente Popular (Espasa), descubre lo que ocurrió electoralmente esos días.

Tras consultar todas las actas electorales, confirman que la derecha se impuso por 700.000 votos en España; hubo un baile de 50 escaños a favor de las izquierdas, de un total de 473 escaños. Y explican los casos más escandalosos de fraude electoral.

Durante los días posteriores a la primera vuelta, entre los días 16 y 19 de febrero, intimidaciones, desórdenes y coacciones organizadas por autoridades interinas a nivel provincial, que se hicieron con la documentación electoral tras el cambio de gobierno, se extendieron por todo el país. La inseguridad generada alteró el recuento e influyó en los resultados finales. La consecuencia es que las elecciones fueron tramposas, o si se quiere uno remilgar, no democráticas.

Como consecuencia, las autoridades y el jefe del Gobierno, Portela Valladares quedaron semiparalizados por el pánico. En palabras de Azaña: “Nadie mandaba en ninguna parte”.

La segunda vuelta debía ser presidida por el mismo Gobierno de la primera, pero Portela decidió dimitir el día 18 por la tarde, entregando el poder al Frente Popular en general y a Azaña en particular: era ilegal. El 19 se celebró la ceremonia de entrega de poderes. Y el 23 F se celebró la segunda vuelta, controlada por el Frente Popular, ya en el gobierno. Se repitieron en Granada y Cuenca, bajo el terror. Y en general, el gobierno revisó actas para asignarlas al Frente Popular.

Las consecuencias del inmenso fraude son conocidas. Se abrió un proceso revolucionario: muertos, quema de iglesias, de registros de la propiedad, de periódicos conservadores, de sedes de partidos derechistas, depuración de miembros o simpatizantes de la derecha del aparato del estado, anulación de la independencia de la Justicia. Este proceso alcanzó su clímax con el asesinato del jefe de la oposición, José Calvo Sotelo.

Esta es la historia de las elecciones de febrero de 1936.

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La noticia de esta semana informa sobre el deterioro de las condiciones de vida y trabajo en el Estado de California, que están propiciando un éxodo creciente de sus empresas tecnológicas de referencia hacia otros lugares de los EEUU. Las razones de la marcha son al menos cuatro: los altos salarios, el coste de vida, la presión impositiva y la hiperregulación.

Es un buen artículo, por eso lo presento a los lectores de estas Cartas. En un breve texto, nos cuenta la historia de la aparición de Silicon Valley, de los miembros más preclaros del cluster, pero sobre todo – y eso es lo que nos interesa – las razones de un declive anunciado. ¿Anunciado? Sí, así es. Cuando el regulador eleva costes por razones administrativas, incrementa los impuestos para financiar estupideces con carácter general y en particular para perseguir algunas quimeras irrealizables (lo de la economía verde, o como la llamen, es tal constructo que sólo los cadáveres que va dejando por el camino irán despertando a los sucesores de estos mangantes en el poder, incapaces de reflexionar y mucho menos de rectificar), y despliega un creciente número de normas para ocupar todo el espacio de la sociedad, arroja al exterior a empresas y ya no pueden aguantar más. Es como una ley física simple.

Y si no me creen (están en su derecho), vean por qué se van mayoritariamente a Texas: costes, regulación, tranquilidad. Justo lo que han perdido en California.

Lean a Deborah Hellinger, ejecutiva de Oracle, decir sin decir (no se vayan a molestar los despechados) que, como en la serie de TV, “allí no hay quien viva”. Llegado a este punto, uno siempre se acuerda del relato referido a la gallina de los huevos de oro … .

No les cuento más: el artículo de Libre Mercado lo hace mejor.

https://www.libremercado.com/2021-01-09/empresas-huyen-california-texas-motivos-ocaso-silicon-valley–6696070/?_ga=2.123812041.2137213744.1610194373-310084975.1569994883

Vean las barbas de ese lejano vecino rapar y, si les place, pongan las suyas a remojar. En Detroit no lo hicieron. En España, ni les cuento.

El avance tecnológico de hoy no tiene sitio. Lo lamento.

***

La frase de hoy es, otra vez, de Manuel Azaña, de quien tanto hemos hablado y de quien seguiremos haciéndolo, tal es su peso en la Historia de España del Siglo XX. Con carácter previo a las elecciones de febrero de 1936 de las que hemos visto algunos datos al principio de esta Carta, Azaña declaró: «Si se vuelve a someter al país a una tutela aún más degradante que la monárquica, habrá que pensar en organizar de otro modo la democracia».

Ya se sabe que esa victoria no fue posible por el indecente pucherazo de las izquierdas, pero con todo, Azaña y sus adláteres «organizaron de otro modo la democracia» hasta convertirla en un régimen absolutamente criminal. Así fue como el Frente Popular aniquiló a la II República.

Saludos

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