LA CARTA DE LOS MARTES – 25 DE MAYO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 25 DE MAYO DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso

Carta de los martes del 25 de mayo de 2021

Queridos amigos:

El 25 de mayo de 1085, tras una rendición pactada, Alfonso VI de León (“El Bravo”)[1] hizo su entrada en Toledo, capital de la Taifa el mismo nombre, y se la detrajo a los invasores musulmanes, que la habían tomado trescientos años antes sin mayor oposición por parte de unas élites visigodas enfrentadas entre sí hasta la desaparición.

Este fue un logro político más que militar. La conquista de Toledo se produjo técnicamente el 6 de mayo de 1085, diecinueve días antes. Las fuerzas del Reino de León desalojaron definitivamente a las fuerzas musulmanas de Al-Qádir, emir de la Taifa de Toledo. Tras cuatro años de asedio, Toledo se rindió, tras garantizarse que personas y bienes de los musulmanes, así como su mezquita mayor, serían respetados. A cambio, entregarían las fortalezas y el Alcázar.

¿Cómo empezó esta última fase de la conquista de Toledo?

Por aquél entonces, el Reino de León se consideraba heredero directo del Reino visigodo de Toledo, por lo que deseaba recuperar la antigua capital. Tras la conquista de esta Taifa, León consiguió invertir la relación de fuerzas entre cristianos y musulmanes en la península ibérica.

Resulta que las Taifas de Toledo y de Sevilla aspiraban a absorber a todas las demás. Al-Mamún de Toledo ocupó por su parte la Taifa de Valencia en 1064 y Al-Mutamid de Sevilla asumió la Taifa de Córdoba en 1070.

Alfonso VI había recibido protección de Al-Mamún cuando escapaba de su hermano Sancho II de Castilla y mantenía excelentes relaciones con el musulmán. Cuando en 1075 Al-Mamún murió envenenado en Córdoba, su nieto Al-Qádir le reemplazó. Se creyó capaz de prescindir de los cristianos y expulsó de Toledo a los partidarios de la colaboración con éstos. Los cristianos desencadenaron entonces una revuelta en Valencia, que se declaró independiente de la Taifa toledana bajo Abu-Bakr ibn Abd-al-Aziz, Además, Toledo perdió las tierras cordobesas y las provincias del sur en 1077. Por lo visto, Al-Qádir no era tan fuerte como se pensaba, así que se vio obligado, muy a su pesar, a pedir ayuda al rey Alfonso VI en 1084. Con eso provocó una crisis en la Taifa: los musulmanes deseaban romper de una vez por todas con León y Castilla, aproximándose a otras taifas, mientras los judíos y los mozárabes eran partidarios de aliarse con los reinos cristianos.

El nuevo rey taifa toledano cedió al rey de León los territorios al norte del Tajo (Madrid, Escalona…) e incluso algunas fortalezas al sur del río a cambio de Valencia. Finalmente cedió Toledo a Alfonso VI de León.
A la vista de la situación, los musulmanes toledanos solicitaron ayuda a los reyes de Taifas Al-Muqtadir[2], Al-Mu’tamid y Al-Mutawakkil[3]. Al-Mutawakkil entró en Toledo en 1080. Al-Qádir huyó a Cuenca. En 1081 Al-Mutawakkil, tras pasar diez meses en Toledo, se volvió a Badajoz. Entonces,  leoneses y castellanos atacaron, ocupando Madrid y Talavera, así como fortificando Escalona (1081-1082). Los toledanos partidarios de la unión con Alfonso VI, hartos de guerras, aceptaron la entrega de Toledo a Alfonso VI de León, pero a condición de que el Rey de León simulara tomarla por la fuerza: así evitaban que los toledanos fueran acusados de traicionar la causa musulmana. El 1082, las tropas leonesas y las castellanas reconquistaron varias fortalezas en la zona de Talavera y entraron en la capital, donde colocaron como rey vasallo a Al-Qádir.

La ocupación de Toledo permitió a Alfonso VI añadir el título de rey de Toledo a su larga lista. En la práctica le proporcionó Talavera, el castillo de Aledo y una pequeña plaza llamada Maŷriṭ[4]. Con todo el territorio ganado podía atacar con ventaja las taifas de Badajoz, Córdoba, Granada y Sevilla. Podía, pero no fue por mucho tiempo. Las taifas mencionadas (con la excepción de Córdoba) llamaron en su auxilio a los almorávides, que en 1086 desembarcaron en Algeciras. El ejército cristiano fue derrotado en Sagrajas (Badajoz) y cuando se hicieron fuertes en Toledo para defenderse allí, los almorávides se retiraron: el hijo del Emir Yusuf ibn Tasufín había muerto en África. Toledo se salvó una primera vez para la Cristiandad.

En 1088, Yusuf ibn Tasufin cruzó por segunda vez el estrecho, pero esta vez fue derrotado en Aledo (debido a la deserción de muchos de los reyes de las taifas musulmanas, que se habían coaligado previamente). Toledo volvía a salvarse. En 1097 se produjo otro desembarco almorávide, cuyo objetivo era nuevamente Toledo. Las tropas de Alfonso fueron derrotadas en Consuegra, pero los musulmanes no pudieron tomar el castillo y se retiraron. Toledo había vuelto a salvarse.

En el 1099, los almorávides conquistaron gran parte de los castillos de la zona toledana, incluido el de Consuegra y en 1100 intentaron hacerse con Toledo. No pudieron, pero la plaza quedó muy expuesta. Y cuando la situación era más difícil, Alfonso tomó Medinaceli (1104). Eso abría el acceso a Toledo a lo largo del valle del Jalón y facilitó su defensa. Toledo se salvó definitivamente.

Moraleja: las Taifas institucionalizaron un proceso de división interna que permitió acelerar la Reconquista, a pesar de la llegada de nuevos ejércitos africanos que temporalmente detenían el proceso de descomposición califal. Las Taifas fueron 39 y aunque el Califato no desapareció en seguida, el camino estaba claro. Ahora imaginen que las Taifas hubieran sido 17, con dos regiones autónomas extra. ¿Cuánto tiempo creen que va a continuar la Nación como tal con este cáncer en sus entrañas?

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La noticia de esta semana es un artículo del economista Gay de Liébana, que no es la primera vez que nos visita y muy probablemente no será la última que lo haga.

Hay economistas que desconfían de los planes del gobierno. Varios. Incluso muchos. La situación económica es mala: la recuperación no llega, los fondos comprometidos por la Unión Europea van a ser gestionados de manera opaca, la presión tributaria se incrementa, los gastos superfluos no ceden y tanto el déficit como la deuda pública se disparan. Es comprensible la desconfianza, ciertamente. Con sarcasmo, Gay de Liébana se chotea del rimbombante Plan de Reconstrucción, Resiliencia y Transformación. Sólo el nombrecito sería suficiente para desconfiar. Desconfiar. No le queda otra al analista.

Y se suelta el pelo (es una metáfora, evidentemente). Entrecomillo larga parrafada: “Hablando claro, nos encontramos ante un cuento chino con lo del Plan de Recuperación porque en realidad se trata de un plan de destrucción de la economía española, con unas subidas de impuestos épicas y fuera de contexto que lastrarán el devenir económico, succionando recursos del castigado sector privado para dar de mamar a las clases políticas y estatales extractivas, y azotando con tasas, gravámenes, cargas y toda suerte de peajes a la maltrecha población española”. Lo cierto es que no hay una sola falsedad, una sola hipérbole, un solo error analítico. Bueno, sí, hay una: “Y por lo que concierne a los 70.000 millones de ayudas, ese dinero, que Europa nos habrá entregado gracias a que se habrá endeudado en los mercados financieros, tendrá que reintegrarse aumentando nuestras contribuciones a la UE”. Hombre, sólo la parte alícuota. Y lo de endeudarse, pues no necesariamente. Y lo de Europa puede que sea una batalla perdida, pero la daremos hasta el último aliento: confundir Europa con la Unión Europea es un error casi siempre desinteresado, pero un error al cabo.

¿Cuál es el objetivo último del Plan? Queda claro en una nueva andanada: “Tal y como están las cosas, empezar a aumentar impuestos este año y seguir haciéndolo en 2022 y 2023 no solo es un flaco favor a nuestra economía sino fuego a discreción para ir acabando con ella, de modo que el sector privado quede arrasado en favor de un sector público que se erigiría en único protagonista económico y la mayoría de la ciudadanía quedaría a expensas de los subsidios, de las pensiones y de las ayudas que Papá Estado tendría a bien conceder, a quien cada día rendiríamos pleitesía”. Pues sí, me parece que esa es la intención del gobierno, para qué vamos a andarnos con circunloquios.

El texto descalifica de plano al gobierno. Entre las alternativas, la de un gobierno de tecnócratas. Esto es como lo de Europa en lugar de la UE; ¿Por qué no decir “un gobierno de técnicos”, sin más? Ah, sí, por lo de la analogía con burócratas. Qué vulgaridad, válgame Dios.

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El avance tecnológico de hoy pone de manifiesto, una vez más, que sólo sabemos que no sabemos nada. Bueno sin exagerar, pero recurrir al sabio Sócrates y su “Sólo sé que no sé nada” es un ejercicio de humildad que siempre viene bien. Y ¿por qué les digo esto?

Por el encabezamiento del artículo al pie. Resulta que, en su día, se encontró un fósil referido a una forma de vida marina que se creía extinta desde hace 273 millones de años. Pues no. Está viva y coleando. Como el celacanto del que hablaremos en otra oportunidad, ese pez que precedió en decenas de millones de años a los dinosaurios y cuyo último ejemplar vivo se capturó en 1934. Pues ya han pescado otro. Tampoco estaba extinto.

Se trata de un coral (sí, esos mismos que desaparecen por aquello de la acidificación de las aguas del mar por el CO2 que emitimos los humanos blancos occidentales y ricos, pero sólo estos. De chinos, ni hablamos) encontrado en las costas de Japón. Están en forma de una sociedad simbiótica entre un crinoide y un coral. Vivieron tiempos mejores (en el Paleozoico). Se los había perdido de vista hace esos millones de años mencionados y luego, tras la gran extinción del Pérmico-Triásico (de esa no tenemos la culpa, mal que les pese a los calentólogos de guardia), los que se dataron viviendo en el Mesozoico no habían vuelto a ser vistos. Y en el texto está la explicación: siendo criaturas sin esqueleto calcáreo, difícilmente dejarán huella fosilizada.
Hace un par de cartas perorábamos sobre el relativamente escaso interés que tiene para la investigación financiada por el estado las capas de la Tierra más allá de los 12 kilómetros de profundidad. Mejor suerte han corrido los análisis de las aguas marinas, pero nada en comparación con la dotación de recursos que se lleva la investigación espacial. Quizá esto cambie.

Transcribo tan sólo una frase que revela la grandeza de los científicos de verdad, obligados por su condición de tales a poner en cuestión una y otra vez las teorías establecidas para ver si flaquean. “Si esos corales no alteran a su anfitrión y tampoco dejan registro fosilizado, quizá hayan tenido una larga relación con los crinoides que, simplemente, no se ha registrado”.

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La frase de hoy es de Winston Churchill, primer ministro británico cuyo coraje galvanizó la resistencia a la expansión del IIII Reich en el frente occidental y contribuyó a la derrota del nacional socialismo. Y hablando de socialismo, la frase es ésta:

“El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica de la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”

Piensen en alguien que incorpore estas virtudes. Sin ir más lejos.

Saludos
CDC


[1] Alfonso VI de León (¿¿??-Toledo, 1 de julio de 1109) fue hijo de Fernando I de León y de su esposa la reina Sancha. Fue rey de León entre 1065 y 1072 en un primer tramo y entre 1072 y 1109 en un segundo. Fue rey de Galicia entre 1071 y 1072 y entre 1072 y 1109, y de Castilla entre 1072 y 1109. Un cronista coetáneo anónimo, de Sahagún, conoció al monarca. Hallándose en el lugar cuando Alfonso murió, cuenta que tenía 62 años de vida tras 44 de reinado. Así, habría nacido a finales de 1047 o a primeros de 1048 en lugar desconocido del Reino de León.
[2] Al.Muqtadir, rey de la Taifa de Zaragoza (Saraqusta) entre 1046 y 1081.
[3] Al-Mutawakkil fue rey de la Taifa de Badajoz desde el 1072 hasta 1094.
[4] Efectivamente, luego Madrid
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