SALAMANCA, CUNA DE LA TEORÍA ECONÓMICA

SALAMANCA, CUNA DE LA TEORÍA ECONÓMICA

Introducción

 Ente los días 21 y 24 de octubre de 2009 tuvo lugar en Salamanca un congreso, el primero celebrado fuera de EEUU, del prestigioso Ludwig von Mises Institute con un expresivo lema: The Birth Place of Economic Theory que reunió  a un amplio elenco de grandes especialistas mundiales en teoría económica.

En su convocatoria se justificaba la elección de Salamanca como homenaje a la ciudad cuya universidad amparó desde el siglo XIV hasta el XVII el nacimiento y desarrollo del pensamiento económico contemporáneo.

El periodo escolástico medieval abarcó siete siglos, desde el año 800 hasta 1500, siendo Santo Tomás de Aquino (1226-1274) su más genuino representante. Marjorie Grice-Hutchinson, doctorando de Friedrich Hayek, investigó a mediados de los años 70 el pensamiento económico español en el periodo 1170-1740 y, junto con Raymond de Roover —estudioso del pensamiento medieval—, denominaron “Escuela de Salamanca” a los “economistas” escolásticos hispanos. Antes, a mediados del siglo pasado, Joseph Schumpeter en su magna obra “Historia del análisis económico” (1954) ya había dedicado todo un capítulo a los doctores escolásticos y los filósofos del Derecho Natural. Por último, Murray N. Rothbard, en su gran “Historia del pensamiento económico” (1995), reivindica la escolástica española tardía como fundadora de la ciencia económica.

Emociona, aún hoy, leer sus obras por su vigencia metodológica y doctrinal. Partiendo del programa filosófico de Santo Tomás de Aquino, el pensamiento escolástico trata —y lo consigue— de conciliar la fe con la razón; columna vertebral de nuestra civilización, la occidental, que nos distingue de las demás y explica nuestros exclusivos logros científicos, tecnológicos, económicos y sociales, que sólo han podido ser imitados por otras culturas, pero en ningún caso superados paradigmáticamente. Para ello, los escolásticos se ampararon en la filosofía aristotélica, a la que someten muy frecuentemente sus razonamientos, y arrinconaron el idealismo platónico.

Francisco de Vitoria (c. 1495-1560), dominico que estudió y enseñó en la Sorbona, es considerado el padre de la escolástica hispana; convertida en una tradición intelectual de gran sabor cosmopolita. Domingo de Soto, Tomás de Mercado, Martín de Azpilicueta, Luis de Molina, Juan de Mariana, Francisco Suárez, y otros dominicos y jesuitas realizaron contribuciones de gran valor filosófico, jurídico, político y económico.

 

El origen de las teorías evolutivas 

La Escuela de Salamanca descubrió el término naturalis para designar aquellos fenómenos que no son productos de la creación deliberada por la voluntad humana como: el lenguaje, la familia, el derecho, el mercado, la división del trabajo, la moneda, la ciudad, la democracia, el Estado,….

Es bien sabido que el Derecho Civil romano, ese gran pilar de la civilización occidental, no fue creado por ninguna autoridad o jurista en particular, sino que fue el resultado de  la recopilación ordenada de instituciones ampliamente experimentadas y aceptadas por la sociedad a lo largo del tiempo. Se atribuye, por ello, a Catón la siguiente valoración de dicho orden jurídico: “No se basa en el genio de un hombre, sino de muchos: no se fundó en una generación, sino en un periodo de varios siglos y muchas épocas”.

La sociedad de nuestro tiempo, quizás por la importancia  que cobra el eco mediático – tanto en el ámbito político como en el económico – acentúa cada vez más la personalización de los hechos acontecidos como si se debieran a la deliberada voluntad de una persona. “A menudo imputamos a la excelencia del genio de un hombre, y a la profundidad de su penetración, lo que en realidad se debe al paso del tiempo y a la experiencia de muchas generaciones, todas las cuales difieren muy poco entre sí por lo que toca a las partes naturales y a la sagacidad”, nos dice, sin embargo, Bernard Mandeville en la II parte de su tratado “La fábula de las abejas”.

Bernard Mandeville y luego David Hume hicieron de la idea de evolución un lugar común en las ciencias sociales del siglo XIX, mucho antes que Darwin, y sentaron las bases del paradigma   clásico del crecimiento espontáneo de estructuras sociales ordenadas: del derecho y la moral, del lenguaje, del mercado, del dinero y también del crecimiento del conocimiento tecnológico.

Frente a esta manera “liberal” de explicar nuestro mundo, hubo otra denominada “racionalista”, originada durante la Revolución Francesa y protagonizada por Descartes, Voltaire y Rouseau, cuya fe en el poder ilimitado de la autoridad dio lugar a los totalitarismos políticos que tan negativas consecuencias sociales y económicas generaron el pasado siglo en Europa.

Ahora que, tanto en las ciencias como en la economía, las doctrinas dominantes –tras los fracasos de los constructivismos racionalistas-  son de tipo evolucionista, es oportuno recordar la original contribución española a dicha corriente intelectual.

Desde la humildad de tratar de entender la lógica del comportamiento libre y espontáneo de la gente, los escolásticos descubrieron, como luego veremos, la mayor parte de las reglas sempiternas de la economía de mercado y sentaron las bases de la doctrina liberal, tanto en el ámbito político como en el económico.

La escolástica utilizó el término natural cuando se referían a los fenómenos sociales que son independientes de la voluntad humana, pues surgen de modo espontáneo, es decir no son concebidos racionalmente por nadie sino que surgen de manera espontánea y se desarrollan por aprendizajes socioculturales que se transmiten de una generación a otra.

Esta espontaneidad social asociada con el  comercio entre desconocidos genera un orden social extenso, complejo, libre y abierto de colaboración  humana; es decir una sociedad civilizada.

El premio Nobel de economía (1972) John R. Hicks en su La causalidad en economía (1979) define la “vieja causalidad” como “concebir las causas como acciones de alguien; un agente, ya sea humano o sobrenatural al que hay que atribuírselas”, mientras que la “nueva causalidad” no necesita de agente alguno, basta con explicar cómo suceden las cosas, sin aprobación o condena de aquello que sucede”.

Para Keynes, genial inventor de los “animal spirits”, el espíritu animal de los seres humanos hay que interpretarlo en clave de incertidumbre probabilística y en su Tratado sobre la probabilidad (1920) reconoce que los jesuitas escolásticos fueron los primeros probabilistas: una actitud humana que justifica optar por aquellas conducta que sea la mejor posible, aunque su probabilidad sea pequeña.

 

El nacimiento de la teoría económica

Joseph A. Schumpeter calificó de fundadores de la economía científica a los teólogos escolásticos miembros de la Escuela de Salamanca, entre los que cabe destacar a Luis de Molina, Juan de Lugo, Juan de Mariana  y Tomás de Mercado, entre otros. Para Friedrich.A. Hayek, “los escoláticos españoles del siglo XVI fueron unos notables anticipadores de la economía moderna” y además, “elaboraron las primeras teorías modernas de la sociedad, luego sepultadas por la marea racionalista del siglo siguiente”.

Siguiendo las averiguaciones del propio Ludwig von Mises Institute, podemos saber que “uno de los grandes descubrimientos del siglo XX se interesa por los orígenes de la ciencia económica en la Edad Media en España. Mucho antes de  Adam Smith,  un buen número de escolásticos desde el siglo XIV al XVII estuvieron escribiendo teoría económica sistemática”.

“Ningún lugar del planeta fue tan fructífero como la Escuela de Salamanca de España, centro mundial de la investigación económica. Los escritos de sus intelectuales explicaron el precio, el valor, la moneda y su función, el ahorro, el emprendimiento, la inflación, los contratos, los intercambios y mucho más; ellos se comprometieron  estrechamente con el mundo moderno que estaba naciendo en aquel tiempo, suministrando la teoría y la  racionalidad para el surgimiento de la prosperidad” según Murray Rothbard, quien añade que “dichos pensadores fueron los predecesores de la moderna teoría de la Escuela Austriaca. Los últimos escolásticos comprendieron el daño de la intervención gubernamental en el curso de los negocios y consagraron la libertad como una extensión de la bendición de Dios”.

Jesús Huerta de Soto, catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, y uno de los más importantes y reconocidos representantes de la Escuela Austriaca de Economía, después de investigar los textos escolásticos de nuestro Siglo de Oro sostiene que los fundamentos teóricos liberales –de dicha Escuela – están basados en los siguientes hallazgos:

  1. Teoría subjetiva del valor (Diego de Covarrubias y Leyva)
  2. Relación entre precios y costes (Luis Saravia de la Calle)
  3. Naturaleza dinámica del proceso de mercado e imposibilidad del modelo de equilibrio (Juan de Lugo)
  4. Concepto dinámico de competencia, entendida como un proceso de rivalidad entre los vendedores (Castillo de Bobadilla y Luis de Molina)
  5. Redescubrimiento del principio de la preferencia temporal (Azpilicueta)
  6. Influencia distorsionadora que el crecimiento inflacionario del dinero tiene sobre  la estructura relativa de los precios (Juan de Mariana, Diego de Covarrubias y Martin de Azpilicueta)
  7. Efectos negativos que produce la banca con reserva fraccionaria (Luis Sarabia de la Calle y Martin de Azpilicueta)
  8. Hecho económico esencial de que los depósitos bancarios forman parte de la oferta monetaria (Luis de Molina y Juan de Lugo)
  9. Imposibilidad de organizar la sociedad mediante mandatos coactivos debido a la falta de información que se necesita  para dar un contenido coordinador a los mismos (Juan de Mariana)
  10. El intervencionismo injustificado del estado sobre la economía viola el derecho natural (Juan de Mariana)

Para Ángel Fernández Álvarez, en su La escuela española de economía (2107), los escolásticos de lo siglos XVI y XVII identificaron los conceptos económicos fundamentales del crecimiento económico:

  1. La importancia del comercio internacional.
  2. La defensa de los contratos privados y la propiedad privada.
  3. La defensa de los derechos individuales a la vida, la libertad y la igualdad de trato ante la ley de los ciudadanos.
  4. El papel del Estado y la defensa del principio de consentimiento de los ciudadanos.
  5. La importancia del cumplimiento de los contratos privados.
  6. Los principios tributarios modernos.
  7. El precio natural del mercado.
  8. La necesidad de equilibrio en los presupuestos públicos.
  9. El origen del dinero y sus funciones.

 

El pensamiento escolástico de la economía

La descripción de los logros doctrinales escolásticos está muy conseguida en el libro “Raíces cristianas de la economía de libre mercado”, de Alejandro A. Chafuén, publicado originalmente en inglés en 1986.

Entre los aspectos, tan cruciales como imperecederos, que fueron objeto de análisis por los maestros escolásticos, he aquí los más significativos:  

 

La propiedad privada

Los argumentos a favor de la propiedad privada no tienen desperdicio, más de cuatro siglos después:

  • Hace posible un orden social justo.
  • Es útil para preservar la paz y la armonía social.
  • Es natural que se cuide más lo propio que lo común.
  • Promueve la cooperación social libre.
  • Nadie puede desentenderse de los bienes temporales.

Para Domingo de Soto, “toda persona tiene el derecho natural de donar o transferir en la manera en que le venga en gana las cosas que legalmente posee”.

 

Finanzas públicas

La existencia de gobiernos por sí misma significa un límite a la libertad según el padre Mariana, quien definió con claridad el principio rector de una sana política fiscal: “Debe ante todo procurar el príncipe que, eliminados todos las gastos superfluos, sean moderados los tributos”, a lo que añadiría que “el excesivo gasto público es la causa esencial de la depreciación de la moneda”. Para Pedro Fernández de Navarrete, “la moderación de gastos es el mejor medio para engrandecer el Reino”.

 

Teoría monetaria

La teoría cuantitativa del dinero fue descubierta por los escolásticos. Así, Luis de Molina analizó en forma detallada la influencia de la escasez en el valor del dinero. Domingo de Soto, por su parte, dejo establecido que “la moneda al igual que las leyes, debe permanecer lo más fija posible”. El padre Mariana asignaba gran importancia al patrón monetario estable y llamó “infame latrocinio” a la alteración del valor y la ley de la moneda.

 

El comercio 

Juan de Mariana, además de anticipar algunos argumentos de Adam Smith acerca de la división del trabajo, dejó dicho que “es la naturaleza de los hombres y de las cosas la que ha hecho necesaria el comercio”. Para San Bernardino de Siena, “es función esencial de los comerciantes el comprar bienes en aquellos lugares donde abundan y son baratos para venderlos allí donde escasean y son caros”.

 

Valor y precio

 El precio de los bienes no es determinado por su naturaleza sino por el grado en que satisfacen las necesidades humanas, tan subjetivas como la utilidad. El “precio justo” escolástico viene determinado o se desprende de la común estimación en el mercado: “Surge del natural y común curso de los tratos y negocios humanos llanamente hechos, quitada toda violencia y engaño”; consecuentemente, Juan de Mariana, criticó la fijación de precios por la autoridad.

Llama la atención que el supuesto padre de la teoría económica, Adam Smith, asignara al precio el falso concepto de valor-trabajo, al asociar el precio de mercado a los costes de producción, siendo entonces el factor trabajo el mayor. Esta errónea teoría smithiana fue adoptada por David Ricardo y sobre todo por Marx, ignorado así la verdadera teoría del precio descubierta por el pensamiento escolástico siglo y medio antes asociada al valor subjetivo que los compradores asignan a un bien o servicio.

Los escolásticos  llegaron aún mas lejos—así de avanzados eran— al señalar que el precio cobrado por un monopolista podía ser justo en presencia de libre entrada en el mercado. Eso sí, estaban en contra de los monopolios obtenidos por privilegios reales.

 

Justicia distributiva 

Para no violar la justicia distributiva, los impuestos deben cumplir cinco condiciones:

  1. Que vengan impuestos por una autoridad legítima.
  2. Que la causa final del tributo sea justa.
  3. Que sean proporcionados a la causa final.
  4. Que la materia sobre la que se imponen sea justa y decente.
  5. Que guarden proporción con las haciendas particulares.

 

Los salarios

 El salario justo —como el precio— es aquél establecido por la estimación común en ausencia de fraude. Luis de Molina remarcaba que “el salario se determina al igual que los demás precios”.

San Bernardino, por su parte, razonaba que “cuanto más largo sea el periodo de entrenamiento y aprendizaje para un empleo, menor tenderá a ser el número de trabajadores que podrán ofrecer sus servicios; de ahí que el salario que se les deba pagar sea más elevado”.

Nunca propusieron los escolásticos que se estableciera un salario mínimo, pues produciría injusticias y desempleo.

 

Los beneficios

Es parte de la naturaleza de los negocios, que unas veces se gane y otras se pierda, sostenía San Bernardino. Las ganancias eran justas cuando resultaban de la compra y venta a precios justos, es decir, de mercado, sin fraude, coerción o monopolios.

 

Actividad bancaria e interés

Para Schumpeter, fueron los escolásticos quienes dieron el primer paso en la larga historia de la teoría del interés.. Según De la Cruz, “si una promesa se hiciere por escrito libremente, y habiéndola aceptado quien dio el dinero, lo podrá después cobrar por justicia”, además de entender que “el dinero presente vale más que el ausente”. Para Fray Luis de Alcalá, “el mismo juicio se debe tener del dinero que de las mercaderías”.

Los escolásticos también abordaron el tema del descuento de documentos o letras de cambio a precios por debajo del valor nominal. Entendían que el dinero futuro tiene un valor menor que el dinero presente.

 

Por todo lo dicho hasta aquí, resulta evidente que España  fue cuna del origen de la teoría económica vigente, la liberal, que en contra de una infundada tradición no estuvo radicada en el norte de Europa ni asociada al protestantismo. Fue en España principalmente —también en Italia y Portugal, aunque menos— y desde la doctrina católica, donde se comenzó a construir el gran edificio intelectual que dio impulso y aún sostiene nuestra civilización;, la occidental, de la que felizmente se nutren cada vez más países del mundo.

En una nota sobre la difusión del pensamiento económico salmantino, Marjorie Grice-Hutchinson señala que llegó hasta Japón: el distinguido economista e historiador japonés Dr. Iichiro Iizuka obtuvo su doctorado de la Universidad de Doshisha  en 1969 con una tesis sobre la Escuela de Salamanca.

 

Las éticas católica y protestante en economía

Desde la publicación en 1904 de su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber ha dominado con su tesis el mundo académico, a pesar de los solventes –por empíricos– desmentidos que ha tenido. En 1977, en una conferencia en The John Hopkins  University en EEUU, el eminente historiador Fernand Braudel sostuvo que la tesis  weberiana: «es manifiestamente falsa. Los países del Norte no han hecho más que tomar el lugar ocupado durante largo tiempo y con brillantez por los viejos centros capitalistas del Mediterráneo. No inventaron nada, ni en el campo de la técnica ni en el manejo de los negocios»

Frente a la monarquía absoluta concebida por las “sectas religiosas –según Murray N. Rothbard – de Lutero y Calvino, que prescindieron del derecho natural que permitía criticar las actuaciones despóticas del Estado, el pensamiento escolástico español defendía la limitación del poder real y la división de poderes”

Para H. M. Robertson, “los jesuitas favorecieron el espíritu de empresa, la libertad de especular y la expansión del comercio como beneficio social. No es difícil juzgar que la religión que favoreció el espíritu del capitalismo fue la jesuita no la calvinista”.

Las primeras y más grandes empresas de capital riesgo de la historia: el descubrimiento de América y la primera vuelta al mundo fueron católicas y  españolas.

 

Epílogo: Los derechos humanos

España no sólo fue patria de la teoría económica, sino de algo aún más relevante: de los derechos del hombre. El historiador francés Jean Dumont, en su ensayo El amanecer de los derechos del hombre (1995) llama la atención con la descripción de “un espectáculo insólito” producido en 1550.  “Por primera vez en la historia, un emperador paraliza la expansión de su imperio para suscitar un debate: ¿es conforme a la justicia la civilización y conversión de los indios del Nuevo Mundo?”. Esta Controversia celebrada en Valladolid “constituye el primer gran debate sobre los derechos humanos y sienta las bases de la práctica del derecho internacional”.

Pero la gran base de partida del descubrimiento de los derechos humanos la originó Isabel la Católica al mismo tiempo que Colón descubría América. Desde el primer momento la Reina rechazó de forma absoluta la esclavitud de los indios y en 1495 ordenó “la restitución inmediata y puesta en libertad” de los 400 indios que Colón había traído para ser vendidos en Europa. En su testamento estableció que “los indios no sufran ningún perjuicio ni en sus bienes ni en sus personas”….”incluso los indios que no han abrazado la fe cristiana no pueden ser privados de su libertad, de sus bienes y de su poder sobre las cosas que la naturaleza les ha dado”.

¿Algún país, a lo largo de la historia, ha mostrado la grandeza de miras de España?

 

Por Jesús Banegas, presidente del Foro Sociedad Civil

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