LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE JUNIO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE JUNIO DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso

Carta de los martes del 15 de junio de 2021

Queridos amigos:

El 15 de junio de 1094, Rodrigo Díaz de Vivar[1], el Cid Campeador, conquistó a la Taifa de Valencia la capital de su Reino.

Remontémonos. Valencia fue invadida por los musulmanes el año 718. Tras el final del Califato[2]Mubarak y Mudaffar[3] declararon la independencia de la Taifa valenciana. Con el reinado de Abd al-Aziz (1021-1061), Valencia alcanzó su máximo esplendor en el período de dominio musulmán[4]. Muerto Abd al-Aziz, Alfonso VI, tras conquistar Toledo, colocó en el trono valenciano al rey toledano depuesto, Al-Qádir, que fue escoltado en su viaje entre ambas ciudades por Álvar Fáñez, caballero del rey.

Al-Qádir, al ser atacado por el rey de la Taifa leridana al-Mundzir en 1090, pidió ayuda al rey al-Mustain de Zaragoza, quien mandó al Cid Campeador hacia Valencia. Rodrigo consiguió levantar el asedio y comenzó a cobrar para sí las parias[5] que Valencia pagaba antes a Barcelona o al rey Alfonso VI y estableció un protectorado sobre al-Qádir.

Hay que tener en cuenta que un poco antes, en 1086, había entrado en la Península un contingente de nuevo cuño, los almorávides, que habían reunificado la España islámica bajo una rigorista interpretación religiosa del islam. De su capacidad supo Alfonso VI, derrotado por el caudillo Yúsuf ibn Tasufín en Sagrajas.

A finales del 1091 todas las taifas del sur (menos Badajoz) estaban controladas por los almorávides. En 1092, un hijo de Yúsuf ibn Tasufín avanzó hasta Alcira y se hizo con ella, con Denia y con Játiva. Ante esa amenaza, los ciudadanos musulmanes de Valencia, agitados por el cadí[6] Ibn Yaḥḥaf, asesinaron el 28 de octubre de 1092 a Al-Qádir y entregaron la capital a los almorávides. El Cid, que se hallaba en tierras riojanas, emprendió el regreso en noviembre del 1092. Tras un largo asedio que duró del otoño del 1093 al 17 de junio del 1094[7] y durante el cual la ciudad tuvo que soportar un hambre devastadora, Rodrigo Díaz recuperó finalmente Valencia el 15 de junio de 1094.

Los almorávides intentaron reiteradamente hacerse con Valencia[8], pero fracasaron mientras vivió el Cid. En agosto de 1094, un nuevo ejército almorávide había cruzado el estrecho para reconquistar Valencia. Al frente se hallaba un sobrino de Ibn Tasufin, Abu Abd Allah Muhammad ibn Tasufin. El Cid los venció en tres ocasiones.

La primera fue a mediados de septiembre de ese mismo año 1094. El ejército mencionado llegó hasta Cuart de Poblet, a cinco kilómetros de Valencia, y la asedió, pero fue derrotado por el Cid en batalla campal[9].

La segunda tuvo lugar cuando lo intentaron de nuevo en otoño de ese mismo año. Se dio la batalla de Cuarte[10], en la que El Cid obtuvo la victoria absoluta. Rodrigo había pedido ayuda a los reyes cristianos, pero ésta no llegó a tiempo. Así, El Cid tomó la iniciativa. Los almorávides habían sitiado Valencia con 10.000 soldados. Tras una semana de asedio, el Cid salió de noche por la puerta de Boatella con el grueso de sus tropas y se emboscó, haciendo un rodeo, a espaldas de la retaguardia enemiga, al sur de Cuarte. Otro cuerpo de caballería poco numeroso salió al amanecer del 28 de octubre por la puerta de la Culebra y atacó directamente la vanguardia del enemigo. La caballería almorávide los enfrentó y las tropas secundarias de El Cid se retiraron, atrayéndolos hacia Valencia. Ello debilitó las líneas musulmanas, que se extendieron a lo largo de cinco kilómetros entre Cuarte y Valencia. Entonces el Cid atacó la retaguardia almorávide, destrozó las líneas, tomó el Real y obtuvo una victoria completa, la primera gran derrota almorávide ante un ejército cristiano.

La tercera fue en enero del 1097. En la batalla de Bairén (no lejos de Gandía), el Cid Campeador los derrotó con la ayuda de refuerzos enviados por Pedro I de Aragón.

El Cid protegió durante años a las taifas orientales, las únicas libres de almorávides. Dominó la región hasta su muerte en julio de 1099, a pesar de la incesante hostilidad y traición de sus protegidos musulmanes, que colaboraron en las incursiones almorávides.

A finales de agosto del 1101, nuevas tropas almorávides asediaron Valencia. En abril de 1102, Alfonso VI había conseguido levantar el sitio una primera vez, pero el 5 de mayo de 1102, junto con Jimena Díaz, viuda del Cid, abandonó la ciudad a los norteafricanos.

Rodrigo Díaz fue inhumado en la catedral de Valencia. Tras el desalojo de la ciudad del Turia en 1102, su cadáver fue llevado al monasterio de San Pedro de Cardeña. En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los soldados franceses profanaron su tumba, aunque en 1809, el general Thiébault depositó sus restos en un mausoleo en el paseo del Espolón, a orillas del Arlanzón; en 1826, éstos fueron trasladados nuevamente a Cardeña. La infausta y criminal desamortización obligó a sacarlos de nuevo en 1842. Se llevaron a la capilla de la Casa Consistorial de Burgos. Desde 1921 reposan junto con los de su esposa Doña Jimena en el crucero de la Catedral de Burgos.

Valencia volvió a manos cristianas el 9 de octubre de 1238, cuando el rey Jaime I, de nuevo tras un largo asedio y mimetizando la estrategia de El Cid, logró la capitulación musulmana. Otorgó Jaime I privilegios a Valencia, incluyendo los fueros (Els Furs)[11]. A la muerte del rey Jaime, su hijo Pedro I el Grande siguió dotando a Valencia de privilegios y mejoras legislativas. Esas instituciones supusieron finalmente el marco de la prosperidad que haría de Valencia la gran capital del Levante español del siglo XV, que además es la más bella (esto es lo que piensa el redactor de esta carta) entre las grandes del mediterráneo peninsular.

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La noticia de esta semana es muy bienvenida. Crece en todo el mundo un movimiento de reivindicación de los logros de España a lo largo de la Historia. Ese impulso ya es marea creciente en España, pero a lo que se ve, también en Argentina aparecen adalides de la verdad histórica. Sean bienvenidos.

El profesor Marcelo Gullo Omodeo se presenta como «argentino, es decir, español americano» y defiende a España de la leyenda negra. Uno de los resaltados del artículo es una frase que es cierta al 100%, pero se oye poco: «Hernán Cortés liberó a los indios».

El profesor Gullo trabaja para desmontar la Leyenda Negra, “la mayor creación cultural de la historia para desprestigiar a un imperio y desactivar a un pueblo”. Y recuerda que fue un español el primero en arrojar la piedra inicial: “La leyenda negra de la casa holandesa de los Orange nació con la obra de (Fray) Bartolomé de las Casas Brevísima relación de la destrucción de Indias”.

Este es un artículo de interés general, que bueno sería fuera divulgado por todos los confines de nuestra cultura para iluminar los oscuros rincones de esa lamentable leyenda y convertirla en polvo. Termino por mi parte con un último entrecomillado: «La Leyenda Negra es hegemónica en toda Sudamérica y es hegemónica en todas las universidades, porque tanto los hispanoamericanos como los españoles hemos perdido la gran batalla cultural por el relato histórico, ya que terminó siendo escrita y contada por aquellos que fueron nuestros adversarios y enemigos. Lo paradójico de esto es que tanto los españoles como los hispanoamericanos terminamos creyendo esa falsa historia. La Leyenda Negra y más concretamente la Conquista de América la difundieron primero los holandeses (la Casa de Orange), después los ingleses, tras ellos los norteamericanos y curiosamente también los soviéticos».

Ya que algunos de los partidos que instruyen a las personas al frente de muchas instituciones españolas no luchan ni por la verdad histórica ni por los intereses de la Nación (¡qué les voy a contar!), buena noticia es que intelectuales en diversas partes del mundo tomen el relevo.

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El avance tecnológico de hoy es de interés para quienes investigan la longevidad en el comportamiento de otras especies, para quienes desean saber cómo sería posible transliterar recursos biológicos.

El titular es atractivo: “Los secretos de la medusa inmortal, el animal más longevo”. De hecho, el autor inicia su texto diciendo que esta medusa (Turritopsis dohrnii) puede escapar de la muerte, al menos de la biológica, sin intervención de terceros[12], de los que es presa fácil. ¿Cómo? “Pueden desandar su reloj biológico cuando están heridos o a punto de morir de hambre; eso significa que, en teoría, pueden vivir para siempre. Esto es tanto más impresionante si consideramos que estas criaturas han estado flotando en los océanos desde mucho antes de la extinción de los dinosaurios (hace 66 millones de años), es posible que un espécimen inmortal de esta medusa haya vivido todo este tiempo”.

¿Cómo lo habría hecho? Yendo atrás y adelante en su ciclo vital entre el estadio de medusa adulta y el de pólipo, sobre la base de un proceso llamado transdiferenciación. Tiene que ver con sus células.

El mecanismo que se halla detrás de esa transdiferenciación es un misterio todavía, pero como indica la Dra. María Pía Miglietta, profesor asociado en la Texas A&M University en Galveston y jefe del proyecto The Real Immortal Jellyfish, “la respuesta estará seguramente en los genes de la medusa”.

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Antes de terminar, celebro estar en condiciones de transmitirles que los Actos del Centro Diego de Covarrubias vuelven por donde solían, una vez mejoradas las condiciones de vida tras lo peor de la pandemia. El próximo 18 de junio celebramos un almuerzo para realizar la entrega de la Medalla de Honor del Centro Diego de Covarrubias al Catedrático, escritor y Diputado en Cortes D. Francisco José Contreras. Su libro, “Una defensa del liberalismo conservador”, publicado en 2018 en nuestra Colección Cristianismo y Economía de Mercado, ha sido un gran éxito. El almuerzo tendrá lugar en el restaurante Jai–Alai (Calle Balbina Valverde,2). El comedor privado que nos han habilitado está acondicionado con reducción de aforo, separación interpersonal y ventilación. El precio del cubierto es de 25 € para los miembros del Centro y de 50 € para los no miembros. Quien desee asistir puede realizar el pago en la c/c del Centro Diego de Covarrubias, IBAN ES 22 0081 0155 8500 02334841. Una vez realizado el pago, por favor comuníquenlo al centrocovarrubias@gmail.com ¡No se lo pierdan!

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La frase de hoy es de Lucio Anneo Séneca. La leí recientemente en un artículo de José Alejandro Vara en Vozpópuli. Dice así:

“La virtud ansía el peligro”.

Saludos
CDC


[1] Es una figura real y legendaria de la Reconquista. Ha pasado a la Historia como “el Campeador” (experto en batallas campales) o “el Cid” (del árabe dialectal sīdi, “señor”). Nació a mediados del siglo XI, probablemente en 1048, en Vivar del Cid, a 10 km. de Burgos. El Cid fue miembro de la alta aristocracia castellana.
[2] El Califato Omeya de Córdoba o Califato de Occidente fue un estado musulmán con capital en Córdoba, proclamado por Abderramán III en 929. El Califato perduró oficialmente hasta el año 1031, en que fue abolido, dando lugar a la fragmentación del estado omeya en multitud de reinos conocidos como taifas.
[3] Antiguos administradores de las acequias del Turia.
[4] La huerta era el motor de la economía regional.
[5] Sabemos que las parias son los tributos que los príncipes de estados vasallos pagaban a los reyes de la España cristiana en la Edad Media.
[6] Un cadí es un gobernante/juez de territorios musulmanes, que dicta las resoluciones judiciales según la sharia.
[7] Según la Crónica anónima de los reyes de taifas, “cortó los aprovisionamientos, emplazó almajeneques y horadó sus muros. Los habitantes, privados de víveres, comieron ratas, perros y carroña, hasta el punto de que la gente comió gente, pues a quien de entre ellos moría se lo comían. Las gentes, en fin, llegaron a sufrimientos tales que no podían soportar. Como la prueba se prolongó largamente sobre ellos y les faltó el aguante y como los almorávides se habían marchado de al-Andalus a Berbería y no encontraban un protector, decidieron entregar la ciudad al Campeador; para lo cual le pidieron el amán (entre los musulmanes, el amán era la seguridad o cuartel que pedía quien se rendía) para sus personas, sus bienes y sus familias. El Cid impuso como condición a Ibn Yaḥḥaf que le entregara los tesoros de al-Quadir”
[8] La conquista de Valencia fue una humillación tremenda para los almorávides. El rey Yusuf formó un gran ejército, con su sobrino al mando, para recuperarla.
[9] Es decir, en campo abierto. Lo del sobrenombre de Campeador no era baladí.
[10] La batalla de Cuarte tuvo lugar el 21 de octubre de 1094.
[11] Se entiende que los Fueros valencianos son una obra comparable a las Partidas de Alfonso X.
[12] Peces, tiburones, tortugas e incluso otras medusa
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